
Te encuentro
tan distante que me tocas
tan congelada que ardes
mi vientre se ejercita
sin parar
se me ponen duras
aún más las ganas
mis abdominales rejuvenecen
hablamos
baja la noción del tiempo
la cerveza ya no es refresco
suben las aguas
las calles rebosan
se empequeñecen todos los portales
se me abre la piel
bajan mis umbrales
confundo el nombres de las cosas
que guardo en el fondo de mis mares
se aleja todo
se van
se expanden hacia otros lugares
en cada encuentro contigo
rejuvenecen mis abdominales
en todos lados
cuelgan rosales del suelo
arriba y abajo
brotan los cactus del cielo
buceo desiertos y aceras de cementos
todo repetido
todo ya dolido
nada nuevo
y lluevo
lluevo para mí
lluevo en mis adentros
lluevo sin mirar
si prefiero ahogarme en algún bar
lluevo
y me encharco
y después de llover, me lluevo
me lluevo y me congelo
y congelo los bordillos
y congelo la luz que ya no prende
prenden mis montañas
las subo
y me siento a ver cómo arden
hogueras en la nieve
y al rato llueve
y llueve y llueve
y hace mucho calor
y llueve
y me voy
me deslizo a refugiarme
en mis aguas me sumerjo a bucear
y sigue lloviendo
llueve bajo el mar
con los pies en la tierra
se agiganta mi voz africana
toco congas y timbales
mi gas de Asia me da alas
rejuvenecen mis abdominales
porque sigo
trazándome contigo
y así emerge el impulso bestial
de reventar a pedazos a este animal
que quiere acoplar nuestros ombligos
[Pintura: Rafael Edwards]